Madres por Decisión y No por Desinformación

Chicas viendo “Shipibo, la película de nuestra memoria”, el día que hablamos sobre identidad cultural.

“Somos madres engañadas” me decía una de las 3 madres que nos acompañó durante el último taller de Nomabaon Nete (Chicas para el Mundo) que hicimos en la comunidad de shipibo de Pahoyán del 12 al 16 de Julio. “Nosotras no sabíamos que podíamos quedar embarazadas”.

“Por eso, ustedes tienen que estudiar, no salgan embarazadas tan jovencitas”, concluyó en su idioma otra de las madres que está por dar a luz a su sexto hijo. Que yo salí embarazada a los 14 años nos decía, que luego de dar a luz a mi primera hija tuve que quedarme en el hogar sin poder cumplir otros sueños, nos decía, que me había convertido en esclava del hogar y luego mi esposo me agredió físicamente, también dijo.   

Mantengo sus nombres en el anonimato por respeto a las que compartieron sus historias tan valientemente durante los cinco días de duración que tuvo el taller. Historias que aún cargan el dolor de lo que pudo ser una vida paralela, historias que al ser compartidas, rondan los oídos de las nuevas generaciones que escuchan atentas a sus titas. Historias que expresan una urgente necesidad de ver en sus hijas y en otras niñas un futuro diferente.

Según el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP), cada día 4 jóvenes menores de 15 años acuden a la institución para registrar a sus recién nacidos. Una cifra alarmante dado que no toma en cuenta los tantos partos que ocurren en casa, o en comunidades nativas a cargo de parteras. Con esta preocupante realidad, la cual es vivida de forma muy cercana en el pueblo Shipibo, es que decidimos impartir este taller en conjunto con las madres, haciendo especial incidencia en el tema de educación sexual. Hablamos de los cambios corporales que se dan durante la adolescencia, de las relaciones sexuales, de los métodos anticonceptivos, y las enfermedades de transmisión sexual, desterrando tabúes y generando un espacio confidencial intergeneracional e intercultural. Además, estas temáticas fueron abordadas con un enfoque que partía desde la autonomía corporal (es decir “mi cuerpo, mis decisiones”) por lo cual fue muy importante enfatizar que sin información adecuada, no podíamos tomar decisiones adecuadas.  

Facilitadora shipiba, Rebeca Melendez Rengifo, con nuestras jóvenes talleristas

Por otro lado, según la Secretaría Nacional de Juventudes (SENAJU), 7 de cada 10 mujeres entre los 15-29 años son agredidas en todo el país, y según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) el Perú ocupa el segundo lugar de los países con las tasas más altas de feminicidio en América Latina. Con esta escalofriante realidad, es imposible no ver la necesidad de generar espacios seguros en donde podamos fortalecernos mutuamente como mujeres y conversar sobre la violencia que se vive a diario. Dentro del desarrollo de este tema aprendimos a identificar distintos tipos de violencia, desde la física, a la psicológica, a la sexual. Mediante el teatro, nos aseguramos de incluir situaciones que relataran instancias de violencias menos obvias, dado que esas son las más difíciles de identificar. Incluímos situaciones de chantaje, de acoso callejero, y de control y celos por parte de una pareja. Por otro lado, no se puede hablar de violencia sin hablar de sexualidad y el consentimiento. Les dijimos a las chicas que nadie las puede obligar a tener relaciones sexuales si no querían hacerlo, que sus parejas deberían de buscar siempre su consentimiento, y que siempre deberían asegurarse de estar protegidas con métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados. La obligación y el sometimiento son formas de violencia, y es por eso que como mujeres debemos inculcarnos el autoestima y la fortaleza necesarias para no aceptar maltratos de ningún tipo.

 

Hablando sobre la violencia intra-familiar. Sanando nuestras heridas.

El taller fue muy especial, pues no sólo nos dedicamos a brindar información necesaria para que las chicas puedan saber identificar los distintos tipos de violencia, o cómo cuidarse a la hora de tener relaciones sexuales, sino que generamos lazos de confianza para que ellas puedan sentirse seguras al hacer preguntas incómodas, nos sanamos mediante el canto y el juego – prácticas que sirvieron para fortalecer nuestros espíritus y reivindicar la alegría – y nos llenamos de amor y sororidad impartiendo mensajes de valor, fuerza interior, y apoyo mutuo. Generando estas condiciones es como pudimos ver a las chicas evolucionar desde la timidez y la desconfianza, hacia el amor propio, la confianza en ellas mismas, y el deseo de ser cada vez mejores. Y es que sabemos que sólo con un espíritu fortalecido, las mujeres pueden ejercer autonomía sobre sus vidas, sus cuerpos, y hacerle el pare a la violencia que las afecta. Fue importante decirles a las jóvenes que ellas son las únicas que pueden decidir sobre el rumbo de sus vidas, incluyendo su iniciación sexual, su maternidad, sus parejas, y sus planes de vida. Así mismo, reconocieron que son ellas las que deben transformar su realidad en conjunto con su comunidad y que ningún foráneo puede venir a imponer sus ideas violentando así su derecho de autodeterminación. Por eso es que no pudimos dejar de tocar el tema de identidad cultural y la valoración de aquellos saberes ancestrales que violentamente les han sido negados o minimizados. Más aún, durante nuestra conversación sobre identidad cultural, hablamos sobre la época del caucho, momento que les permitió conocer su historia (gracias a los testimonios de las madres), y cómo es que las violencias pueden ocurrir tanto en la escala personal, como en la histórico-social.

Tita Nora enseñándole a las chicas sobre plantas medicinales, recuperando saberes ancestrales.

Hacia el final del taller, las chicas se despidieron con lágrimas brotando de sus ojos. Con ese gesto me cargué de emoción y sentí que nuestro trabajo colectivo (en conjunto con las madres y jóvenes) había rendido frutos. Un llanto que expresó el significado de estos cinco días en sus vidas, que sirvió para reconocer que no hay nada de malo en sentir tristeza, y que nos invitó a apoyarnos, abrazarnos, y llenarnos de fortaleza y valor para compartir esta experiencia transformadora con nuestras demás compañeras. 
Al finalizar el taller, volví a sentir la urgencia  de continuar con el trabajo que estamos realizando con Nomabaon Nete. Educarnos a nosotras mismas, fortalecernos, y generar confianza en cada mujer es de primordial importancia dadas las altas tasas de violencia que vivimos. Más aún, si una adolescente sale embarazada, es mucho menos probable que pueda elegir libremente sobre su destino dada su maternidad impuesta.

Titabo, bekebo, y facilitadoras celebrando nuestro cuarto día de taller

“Necesitamos más talleres” fue un mensaje que leímos al abrir nuestro “Buzón de secretos” el último día del taller. Con este mensaje, recordé que una de las madres nos dijo que ven una reducción en los casos de embarazo adolescente con las chicas que han asistido a talleres anteriores. También recordé el entusiasmo que mostraron al decirme que ellas también querían replicar el taller para los adultos de su comunidad. Y fue así como nos fuimos con la determinación de continuar no sólo impartiendo más talleres, sino con una visión a largo plazo basada en el intercambio de saberes, en la reciprocidad, y en la generación de un efecto multiplicador que permita a las mismas comunidades empezar a dictar sus propios talleres. Esto incluiría formas a jóvenes para que puedan co-facilitar los talleres con nosotras, y así lograr que se sientan capaces de generar cambios en su comunidad. ¡Por más autonomía en las vidas de las mujeres indígenas, seguimos!

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